Tarde o temprano me visita. Cada año sucede, al menos una vez; se instala en mi vida durante una temporada hasta que consigo espantarlo. Y a pesar de que me es familiar, cada ocasión que viene es diferente, por lo que soy incapaz de recordar cómo salí victorioso de mis enfrentamientos anteriores.
Sea del modo que sea, aquí está en su plenitud; el eclipse de Sol. La Luz que me ha invadido siempre se ha desvanecido durante un tiempo. La única culpable es la Sombra que me domina desde lo alto. Simplemente me basta con elevar la vista, en cualquier lugar, para ver el débil anillo dorado de lo que soy normalmente, con esa máscara deforme delante impidiéndome ser yo. Mírala, parece que incluso se mofa de mi estado, como si disfrutara con esta intranquilidad de la que me hace partícipe. Desde su reino de oscuridad llora de alegría por haber obligado a desaparecer a mi Sol; dejando escurrir por los reposabrazos de su trono sombrío, las lagrimas espinadas que atraviesan mi Luz y que se me clavan como puñales. Puñales que destruyen mis defensas poco a poco.
¿Tangible? En absoluto. Puedo ver una imagen, un símbolo, pero no puedo alcanzar a la Sombra y enfrentarme a ella en un cuerpo a cuerpo. El peor de los enemigos es el interior de la mente de uno mismo. ¿Cómo voy a ser capaz de hacerme frente a mí mismo? Estoy completamente convencido de que la Sombra conoce mis debilidades, al igual que yo conozco las suyas.
Y a la vez es tan espeluznante el sentir que compartes todo con ella...
Las lágrimas caen en mis ojos por culpa de mi curiosidad y el sentimiento masoquista de seguir mirando el eclipse que ha creado mi Reina de lo Umbrío. Se me dilatan las pupilas y el iris se me oscurece, hasta alcanzar el tono del azabache de todo aquello que una vez cargué a mi espalda y que envié al subsuelo. La vista se me distorsiona y siento cómo Ella se apodera de mí; de mi Luz, de mi esencia. Lo más doloroso es que soy consciente de todo ello. Creo que sería mejor si permaneciera impasible o con la consciencia muerta durante el proceso. Pero no, la Sombra disfruta permitiéndome estar despierto mientras me torna en su criatura oscura. Mientras lo consigue me siento caer, desvaneciendome más allá del suelo que piso, girando sobre mí mismo tratando de buscar una posición que me evite una muerte segura al llegar al final, si es que existe...
Mientras se vela mi felicidad, veo resquicios de mi Luz por las paredes del túnel tratando de alcanzarme y de recogerme con sus manos doradas. Son los momentos en los que puedo contraatacar levemente su negrura, detener mi caída y remontar levemente, tratando de alcanzar su reino.
Sin embargo, todo parece señalar que el eclipse se va a demorar más de lo normal, y no puedo permitírselo. No puedo dejar que la Sombra me tome durante tanto tiempo, ya que sus efectos comienzan a somatizarse y afectar físicamente. Y lo que es más importante, a mi Reino de Luz.
No sé de dónde, pero tengo que recolectar todos los rayos luminosos (por pequeños que sean) que me encuentre en el túnel para tratar de frenar mi caída y desterrarla de mi vida. Sé que sólo debo proponérmelo y, aunque no recuerde cómo la he vencido en otras ocasiones, encontraré el modo de imponer mi trono dorado en su reino.
Pero la comodidad de dejarse llevar por la gravedad es tanta...



